Se le adjudican ciertos poderes a la música, hasta mágicos, conformando estos supuestos beneficios un malentendido inicial. Las intervenciones musicales en personas con condiciones crónicas avanzadas, como la enfermedad de Alzheimer, deben ser realizadas por un profesional habilitado y especializado: un musicoterapeuta.

De Valeria Casal Passion
Septiembre es el mes internacional de la enfermedad de Alzheimer, la causa más frecuente de demencia (entre el 50 y el 75% de los cuadros).  Las  cifras alarman, se pronostica que en el año 2050, 152 millones de personas tendrían demencia en el mundo.
Esta enfermedad suele comenzar con pérdida sutil de la memoria, seguida de demencia de evolución lenta, que se instala al cabo de varios años. Esta pérdida afecta a la memoria de corto plazo inicialmente, y se corresponde con los cambios patológicos iniciales  a nivel del hipocampo, responsable de almacenar y recuperar los recuerdos. Los déficits luego afectan el lenguaje y progresivamente el resto de las funciones cognitivas impactando en la vida diaria de las personas hasta la dependencia total, conformando la primer causa de discapacidad en la vida adulta.
Marta permanece en su domicilio y sus cuidadores refieren que solo parece despertar con la música, pero no es cualquier música sino Gracias  a la vida, la famosa canción de Violeta Parra, interpretada por Mercedes Sosa. Se le adjudican ciertos poderes a la música, hasta mágicos, conformando estos supuestos beneficios un malentendido inicial. Frecuentemente en estos casos cuando profesionales o cuidadores  se ven limitados en sus intervenciones, dado el avance de la enfermedad o la falta de especificidad, recurren a la intervención musical. Aparece allí otro malentendido (recurrente también en otros ámbitos de salud): la música es un derecho y como tal accesible o asequible a todos. Las intervenciones musicales en cualquier ámbito de salud  deben ser realizadas por un profesional habilitado y especializado: un musicoterapeuta.  La persona posee una historia y la música forma parte de sus procesos identitarios.
La música convoca la reflexión de diversas y variadas disciplinas, como producto estético cultural despierta pensares y decires varios. La música convoca  en  su letra, convoca el escribir sobre ella, se le adjudica el nivel de lenguaje o ser  suplemento y complemento, un más allá de las palabras. He aquí otro malentendido.
En los distintos espacios de salud son convocados músicos, voluntarios o profesionales de otras disciplinas porque la música es parte de la cultura y todos tenemos derecho a “utilizarla”. Otro malentendido.
Existe una diferencia fundamental entre un espacio lúdico, recreativo, pedagógico  y un espacio de atención en salud.
“La música, objeto estético, no activa ni empodera de por sí, no es una herramienta, no es benéfica ni maléfica en sí misma, no cura dolores anímicos u orgánicos, ni es recurso no farmacológico supletorio o complementario en el tratamiento de diversas condiciones de salud. Frecuentemente es utilizada con
intención rehabilitadora, considerándola por fuera de un sujeto, introducida y aplicada por otro a fin de modificar, estimular, beneficiar…masificar.” (Casal Passion, 2019).
“…Se considera ejercicio profesional de la musicoterapia, en función de los títulos obtenidos y del ámbito de su incumbencia, a la aplicación, investigación, evaluación y supervisión de técnicas y procedimientos en los que las experiencias con el sonido y la música operen como mediadores, facilitadores y organizadores de procesos saludables para las personas y su comunidad.” (1)
La dirección de la cura en musicoterapia no es la misma que en otras disciplinas, ésta requiere de una escucha específica, la escucha de un musicoterapeuta.
Para completar este artículo se sugiere leer: La musicalidad fundante de lo humano. Casal Passion, Giacobone, Luhía.

(1)    Artículo 2. Ley 27153 de Ejercicio Profesional de la Musicoterapia en Argentina.

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